Joanbernat. (Barcelona 1984).


LA REVANCHA DE LA FOTOGRAFÍA .Por: Jahel Sanzsalazar

LA REVANCHA DE LA FOTOGRAFÍA

Si la pintura nació del deseo de plasmar la realidad, la fotografía la desbancó de su función primera, atrincherándola en fórmulas abstractas ajenas a la realidad. A su vez, la fotografía sufrió confinada a la fiel captación de lo real. Llegando al paroxismo hiperrealista, la pintura trató de plasmar la realidad de manera tan exacta como la fotografía, apropiándose de sus mismos recursos.
Algo parecido veo en la obra de Joan Bernat Llordès, pero él ha ido al revés. Alcanza, a partir de la fotografía, las categorías intrínsecas de la pintura, sin utilizar sus medios. En un juego a la inversa, las líneas son una auténtica caligrafía constructiva. Los perfiles, los colores y la atmósfera se funden para hacer pintura, en una original metamorfosis de la realidad visual. Dota la fotografía de valores oníricos y coloristas. No se trata de una combinación de líneas en perspectiva, sino de construcciones en ósmosis con la luz y el color.
Larga es la tradición del paisaje de arquitectura como fuente de inspiración de los pintores, tanto en la Roma antigua, como en el Renacimiento y el Barroco. Al llegar el siglo XVI, y particularmente en el XVII, Italia y con más pasión los Países Bajos vieron nacer auténticos especialistas del género: unos siguieron la línea, y otros rompieron con su rigidez, logrando la perspectiva aérea y la emoción con percepciones pictóricas. En la Italia del XVIII, las pinturas de arquitectura tuvieron identidad propia. El Vedutismo se centró en la perspectiva con las posibilidades que ofrecía la cámara oscura, con el resultado descriptivo propio de la topografía, desembocando en un juego caprichoso de la realidad.
Monet nos transmitió en sus catedrales emociones condicionadas por el tiempo y las luces en el furtivo transcurrir de las horas. Fundió sus iglesias con el aire y logró trasformar la piedra con fluctuantes colores. El expresionismo (cuyos fundadores eran estudiantes de arquitectura) se esforzó en plasmar emociones con el color. El cubismo encorsetó todo en formas sólidas y rígidas, negando la atmósfera; y el Surrealismo trasladó la imagen arquitectónica al subjetivismo automático del inconsciente.
Capriccio, Impresionismo, Expresionismo, Cubismo y Surrealismo se combinan en el trabajo fotográfico de Joan Bernat Llordès. Sus visiones contemporáneas, orgánicas y estructuradas arrastran ecos de los momentos de eclosión de la modernidad, con la fascinación por las fábricas y las máquinas.
Joan Bernat Llordès logra combinar la realidad, la emoción y el onirismo de los pintores de las modalidades mencionadas en este corto recorrido histórico por el terreno de la pintura arquitectónica. Juega con la fotografía para hacer pintura, y consigue hacernos olvidar el medio que utiliza. Los logros están a la vista en las composiciones que aquí se exponen, en las que difícilmente percibimos la objetiva frialdad de la lente de la máquina fotográfica, pero sí todas las posibilidades que un pintor imprime en sus paisajes arquitectónicos.
Toma un giro a la inversa, vengando así la sumisión de la fotografía a la naturaleza y la arquitectura. Sus obras parten de la realidad, pero en un mundo fantástico preñado de emociones que van más allá. La fotografía deja ahora de ser esclava del objeto: no sólo supera su antigua finalidad, sino que vuelve a “robar” el territorio dominado por la pintura, al adueñarse de sus valores.

Jahel Sanzsalazar
Historiadora del Arte.
Especialista en Arte Flamenco